Autolesiones: ¿una forma de llamar la atención o un grito de ayuda?

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La autolesión puede ser definida como una lesión corporal intencional, autoinfligida y de baja letalidad, orientada al alivio del dolor emocional y la tensión fisiológica provocada por emociones intolerables. Decimos que estas lesiones son intencionales ya que no son el resultado de un accidente o de un acto realizado de forma inconsciente, sino que se realizan de manera voluntaria y frecuentemente de forma repetitiva.

Una creencia común ha sido que las autolesiones se llevan a cabo principalmente para buscar atención y/o provocar y manipular a los demás. Sin embargo, existe creciente evidencia clínica y empírica que sugiere que las personas que se lastiman a sí mismas, lo hacen sintiéndose abrumadas por sus emociones, y no son conscientes, o en ese momento no se preocupan, por el efecto que tienen sobre los demás. En cambio, se considera que la conducta de autolesión está relacionada a una dificultad en el reconocimiento, identificación y control de las emociones, lo que a su vez, podría ser causado por analfabetismo emocional o desregulación emocional.

Por otra parte, hasta hace pocos años las autolesiones eran consideradas como un intento de suicido fallido o un síntoma de otra enfermedad psiquiátrica, mayormente, Trastorno Límite de Personalidad (TLP), sin embargo, estas etiquetas diagnósticas difícilmente logran captar la esencia de la dinámica psicológica de los quienes se autolesionan e incluso pueden llegar a ser engañosas. Por ejemplo, las personas que sufren de trastornos de la alimentación tienen un alto índice de autolesiones, sin embargo, las personas que sufren de trastornos de la alimentación no necesariamente sufren de un TLP. Mientras que el TLP es la etiqueta de diagnóstico que a menudo se prefiere, y quienes se autolesionan, frecuentemente exhiben rasgos borderline, este diagnóstico no llega a captar el panorama completo de dicha conducta.

Otra distinción importante que debe hacerse acerca de la autolesión es que no hay una intención suicida. Al hablar de la  “baja letalidad” de dicha conducta nos referimos a que la autolesión implica formas de autodaño moderado que suponen poco, o ningún riesgo a la vida. Sin embargo, esto no significa que no puedan morir a causa de estas lesiones. En algunas circunstancias, accidentalmente podrían cortar profundamente; además, estando bajo la influencia de sustancias, con su juicio afectado de manera significativa, se puede llegar a un aumento sustancial en el nivel de letalidad.

En cuanto a los factores asociados, los estudios fenomenológicos han encontrado que alrededor del 50% de quienes se autolesionan han sufrido o sufren abuso sexual y se ha sugerido que la función que cumple la autolesión en quienes han sufrido abuso sexual, es que “les permite de manera inconsciente expresar, concretizar y controlar sentimientos y experiencias de abuso, que verbalmente no había sido posible comunicar en su momento”.

En cuanto al tratamiento, la preparación inicial para una vida sin autolesiones, consiste en que la persona que lleva a cabo dicha conducta entienda la autolesión y el porqué le ha servido para enfrentar el dolor emocional, saber cómo empezar a platicarle a alguien que se autolesiona, crear las mejores condiciones para empezar a pensar en una vida sin autolesión y empezar a que sea la persona quien tiene el control sobre el hacerse daño y no las circunstancias o el impulso de hacerlo.

Para los terapeutas que pudieran enfrentarse a uno de estos casos, se recomienda tener en mente que la autolesión funciona como una estrategia de afrontamiento ante el dolor emocional. Esto es de suma importancia ya que se ha reportado que generalmente los terapeutas se sienten sumamente incómodos con los pacientes que se autolesionan, debido a que es una conducta que les resulta incomprensible. Sin embargo, un terapeuta responsable necesita investigar sobre aquello que no sabe, lo cual incluiría entender los mecanismos de la autolesión. Otra cuestión importante, es que algunos terapeutas evitan preguntar sobre autolesiones debido al miedo a dar ideas al paciente, sin embargo, si no se pregunta de forma directa, es posible que esta información pase desapercibida.

También es importante que se fomente una relación de confianza debido a que estas personas suelen tener dificultad para confiar en otros. Asimismo, se debe buscar fomentar el refuerzo de comportamientos positivos, al mismo tiempo que se minimiza el refuerzo secundario de la autolesión.

Entre lo que no ayuda, se encuentran los contratos de “no autolesionarse”, ya que estos sólo preparan a la persona para el fracaso, en vez de eso, se puede planear qué podría hacer el paciente para tratar de minimizar la probabilidad de que se autolesione. Asimismo, la hospitalización también está contraindicada, ya que genera una mayor impotencia en el paciente, provocando que aumenten las autolesiones mientras están hospitalizados o inmediatamente después de que los dan de alta.

A modo de conclusión me gustaría señalar que la autolesión es una conducta compleja, que más allá de ser un síntoma, podría ser considerada como una entidad clínica. Resulta de gran importancia que los terapeutas se informen al respecto, ya que es un fenómeno cuya frecuencia ha ido aumentando, particularmente entre adolescentes, y además del gran sufrimiento que genera, los estudios epidemiológicos señalan que un porcentaje significativo de quienes se autolesionan, han tenido al menos un intento suicida. Afortunadamente, ya existen tratamientos que han mostrado ser altamente efectivos, como por ejemplo, la Terapia Dialéctica Conductual, cuyos principios podrían considerarse en una terapia integrativa, ayudando a que el tratamiento resulte de mayor utilidad para los pacientes.